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Influenza en Ecuador: cómo prevenir contagios y proteger a nuestros niños

3 oct
7 min de lectura
Ilustración pediátrica del Dr. Mauricio Guerra junto a una madre y un niño, representando vacunación, higiene, mascarilla, ventilación y prevención de contagios por influenza.
Influenza en niños en Ecuador: prevención y vacunación

En estos días, la influenza se ha convertido en un motivo frecuente de consulta pediátrica. Cuando aumentan los cuadros respiratorios, una de las preguntas más comunes entre los padres es: ¿qué podemos hacer para proteger a nuestros hijos?


La respuesta no está en una sola medida. La prevención funciona mejor cuando combinamos varios hábitos sencillos: vacunación, lavado frecuente de manos, higiene respiratoria, ventilación, uso adecuado de mascarilla cuando existe una enfermedad respiratoria y, algo fundamental, evitar que un niño enfermo asista a clases o participe en reuniones numerosas.


La influenza no siempre puede evitarse, pero sí podemos disminuir las oportunidades de contagio y, especialmente mediante la vacunación, reducir el riesgo de enfermedad grave y complicaciones.


¿Qué es la influenza?


La influenza, también conocida como gripe, es una infección respiratoria muy contagiosa causada por los virus de la influenza.


Puede afectar a personas de cualquier edad. En los niños puede presentarse con fiebre, tos, congestión o secreción nasal, dolor de garganta, dolor de cabeza, cansancio y dolores musculares. Algunos niños también pueden presentar vómitos, diarrea o sibilancias.

Aunque muchos niños se recuperan adecuadamente, la influenza no debe considerarse siempre una enfermedad banal. Puede producir complicaciones, especialmente en niños pequeños y en aquellos que presentan determinadas enfermedades de base. La neumonía es una de las complicaciones descritas por la Asociación Española de Pediatría.


Por eso, además de saber reconocer los síntomas, debemos poner especial atención en cómo prevenir los contagios.


¿Cómo prevenir la influenza en los niños?


1. Vacunarlos contra la influenza


La vacunación es una de las principales herramientas que tenemos para prevenir las formas graves de influenza.


Para la temporada 2026-2027, la American Academy of Pediatrics (AAP) recomienda la vacunación contra influenza para todos los niños a partir de los 6 meses de edad que no tengan una contraindicación médica. El número de dosis depende de la edad del niño y de sus antecedentes de vacunación contra la influenza.


La Asociación Española de Pediatría también destaca la vacunación como la medida específica más eficaz para prevenir la gripe y sus complicaciones en la infancia.


¿Cuándo debemos vacunar?


La AAP recomienda ofrecer la vacuna tan pronto como esté disponible, especialmente a los niños que deban recibir dos dosis. Esta recomendación corresponde a la temporada estadounidense 2026-2027; en Ecuador debemos considerar la disponibilidad local y las recomendaciones sanitarias vigentes para cada temporada.


Cuando la vacuna de la temporada esté disponible en Ecuador, no es conveniente postergar innecesariamente su aplicación. Consulta con tu pediatra para confirmar el momento adecuado y el número de dosis que necesita tu hijo.


2. Si el niño está enfermo, no debe ir a clases


Esta es probablemente una de las medidas más sencillas y, al mismo tiempo, una de las más importantes.


Mensaje clave

Un niño con fiebre, malestar importante o síntomas respiratorios que afectan sus actividades habituales debe permanecer en casa mientras se recupera.

Ir enfermo a la escuela no solamente dificulta el descanso y la recuperación. También aumenta las oportunidades de transmitir el virus a compañeros, profesores y otras familias.

Sabemos que perder uno o varios días de clases puede generar preocupación en los padres, pero la recuperación del niño debe ser la prioridad.


Quedarse en casa cuando estamos enfermos también es una forma de cuidar a los demás.


3. Si estamos enfermos, evitemos reuniones con muchas personas


Cumpleaños, reuniones familiares, actividades escolares y eventos sociales son parte de nuestra vida cotidiana. Pero cuando un niño o un adulto presenta una enfermedad respiratoria, es preferible reducir temporalmente la participación en reuniones numerosas.

Esto es particularmente importante cuando podemos entrar en contacto con:

bebés pequeños;

adultos mayores;

personas inmunocomprometidas;

personas con enfermedades crónicas;

familiares con mayor riesgo de presentar complicaciones.


No significa aislar innecesariamente a un niño durante muchos días. Significa utilizar el sentido común: si está enfermo y puede contagiar a otras personas, una reunión puede esperar.


4. Utilizar mascarilla cuando existe una enfermedad respiratoria


La mascarilla puede ser una medida adicional para disminuir la dispersión de partículas respiratorias cuando una persona enferma necesita estar cerca de otras.


Si un niño presenta síntomas respiratorios y por algún motivo debe compartir un espacio con otras personas, el uso adecuado de mascarilla puede ayudar a disminuir el riesgo de transmisión, siempre que su edad y sus condiciones permitan utilizarla correctamente.

También puede resultar especialmente útil cuando una persona enferma convive con alguien vulnerable. La mascarilla no debe verse como una medida aislada. Funciona mejor cuando la acompañamos de:

ventilación;

lavado de manos;

higiene al toser y estornudar;

reducción del contacto cercano;

permanencia en casa durante la fase más sintomática de la enfermedad.


5. Lavarse las manos con frecuencia


El lavado de manos sigue siendo un hábito fundamental. Podemos enseñar a nuestros hijos a utilizar agua y jabón especialmente:

al regresar de la escuela;

antes de comer;

después de ir al baño;

después de toser o estornudar;

después de sonarse la nariz.


También debemos recordarles que eviten tocarse constantemente los ojos, la nariz y la boca con las manos sin lavar. Son hábitos pequeños, pero forman parte de una buena cultura de prevención.


6. Enseñarles a toser y estornudar correctamente


Un niño también puede aprender desde pequeño a proteger a quienes lo rodean. Cuando tosa o estornude, debemos enseñarle a cubrirse la boca y la nariz con el antebrazo, en lugar de hacerlo directamente con las manos.


Si utiliza un pañuelo desechable, debe botarlo después de usarlo y posteriormente lavarse las manos. Evitamos las manos porque después podemos tocar juguetes, mesas, puertas, útiles escolares y otras superficies compartidas.


7. Ventilar los espacios


La influenza se transmite principalmente entre personas, especialmente cuando permanecemos cerca unas de otras. Por eso, en dormitorios, aulas, salas y otros lugares cerrados donde conviven varias personas, mejorar la circulación del aire es una medida complementaria útil.


Cuando sea posible y seguro, podemos abrir puertas o ventanas y favorecer una mejor ventilación. No sustituye a la vacunación ni a las demás medidas preventivas, pero forma parte de una estrategia más completa.


¿Qué niños necesitan especial atención?


Todos los niños pueden contraer influenza, pero algunos tienen mayor riesgo de desarrollar complicaciones.


La Asociación Española de Pediatría señala que los niños pequeños y aquellos con determinadas enfermedades de base pueden presentar cuadros de mayor gravedad. Entre las condiciones de riesgo se encuentran algunas enfermedades respiratorias crónicas, cardiovasculares, metabólicas, renales, hepáticas, neurológicas o relacionadas con el sistema inmunitario.


La AAP también recomienda prestar especial atención a los niños con alto riesgo de complicaciones cuando existe influenza sospechada o confirmada.


Si tu hijo pertenece a uno de estos grupos, es recomendable consultar con su pediatra de manera temprana cuando aparezcan síntomas compatibles con influenza.


¿Cuáles son los síntomas más frecuentes?


La influenza puede comenzar de manera relativamente repentina. Entre los síntomas que podemos encontrar están:

fiebre;

tos;

congestión o secreción nasal;

dolor de garganta;

dolor de cabeza;

dolores musculares;

cansancio;

disminución del apetito.


En algunos niños también pueden presentarse síntomas digestivos, como vómitos o diarrea.

Algo importante: no todo cuadro respiratorio es influenza. Otros virus pueden producir síntomas muy parecidos. Por esta razón, observar al niño no siempre permite determinar cuál es el virus responsable.


¿Cuándo debemos consultar al pediatra?


Más importante que enfocarnos únicamente en la fiebre es observar cómo se encuentra el niño. Debemos prestar atención a su respiración, hidratación, actividad, alimentación y estado general.


Busca valoración médica si el niño presenta un cuadro que te preocupa, si pertenece a un grupo de mayor riesgo o si sus síntomas empeoran.


Es especialmente importante buscar atención ante:

dificultad para respirar; respiración rápida o trabajosa; coloración azulada o anormal de labios o piel; somnolencia excesiva o dificultad para despertar; signos de deshidratación;

convulsiones; deterioro evidente del estado general.


En bebés pequeños debemos prestar especial atención a cambios importantes en la alimentación, respiración, actividad o comportamiento.


¿Existen tratamientos específicos contra la influenza?


En determinados pacientes sí existen medicamentos antivirales que pueden ser utilizados para tratar la influenza.


La AAP recomienda tratamiento antiviral en niños con influenza sospechada o confirmada que estén hospitalizados, tengan una enfermedad grave o progresiva o presenten un riesgo elevado de complicaciones. En otros niños, el pediatra puede valorar su utilización dependiendo del momento de inicio de los síntomas y de las características individuales.


Los antivirales no deben utilizarse por cuenta propia. La indicación debe realizarla un profesional de salud.


Vacunar también ayuda a proteger a quienes rodean al niño


La vacunación no solamente busca reducir el riesgo individual. Los niños pueden transmitir influenza dentro de sus hogares y comunidades. La Asociación Española de Pediatría destaca que pueden convertirse en una fuente importante de contagio para abuelos y otras personas vulnerables debido al contacto cercano que mantienen con ellas.


Por eso, prevenir la influenza infantil también significa proteger a:

hermanos;

padres;

abuelos;

compañeros;

profesores;

personas vulnerables de nuestro entorno.


No esperemos a que toda la familia esté enferma para comenzar a prevenir


Cuando comienza una temporada con mayor circulación de enfermedades respiratorias, debemos reforzar nuestros hábitos desde el principio. No necesitamos medidas complicadas.


Vacunación, higiene, mascarilla cuando corresponde, ventilación y responsabilidad cuando estamos enfermos pueden ayudarnos a disminuir los contagios.


Si un niño está enfermo, necesita recuperarse en casa.

No enviarlo a clases mientras tiene fiebre, un malestar importante o no puede realizar normalmente sus actividades ayuda a protegerlo a él y también a quienes lo rodean.

De la misma manera, si algún miembro de la familia está atravesando una infección respiratoria, evitemos temporalmente las reuniones numerosas y el contacto innecesario con personas vulnerables.


Un mensaje para los padres


La influenza forma parte de las enfermedades respiratorias que nuestros niños pueden enfrentar, pero tenemos herramientas para disminuir su impacto.


Vacunar cuando corresponda, enseñar buenos hábitos de higiene, utilizar mascarilla cuando existe una enfermedad respiratoria, mantener al niño enfermo en casa y consultar cuando aparecen signos de alarma son decisiones que pueden marcar una diferencia.

Cuando la vacuna contra la influenza correspondiente a la temporada esté disponible en Ecuador, consulta con tu pediatra acerca del momento adecuado para aplicarla y del número de dosis que necesita tu hijo.


No debemos esperar a que aparezcan muchos casos en nuestro entorno para comenzar a protegernos.


La prevención empieza antes del contagio.


Dr. Mauricio GuerraPediatra

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